El 30 de diciembre de 2006, la terminal 4 del aeropuerto de Barajas,
temblaba unos minutos antes de que embarcase rumbo a Nueva York.
El atentado me hizo reflexionar sobre si el instinto de supervivencia y
el asesino siguen un mismo camino. Y si de no ser por esta sociedad
caótica habría cabida para alguno de los dos.
 
Era el día de mi cumpleaños.
 
“¿Cuándo se complica todo, al nacer o al morir?”
 
Con 4 horas de retraso volé hacia la gran ciudad. Lugar donde Rockefeller
debió sentirse perdido. Tanto que deseó abandonarla. Y aprovechando que
terminaba la Universidad decidió formar parte de una expedición de
antropólogos para a rodar un documental en Nueva Guinea.
El sitio elegido fue el valle de Baliem, en Irian Jaya. La tribu, la que tenía
fama de ser la más agresiva con los intrusos:Los Dani.
 
Seguían en la edad de piedra y vivían en un área donde el canibalismo
estaba a la orden del día.
 
Rockefeller quedó impresionado por aquellas tribus y no tuvo suficiente con
un sólo viaje. Deseaba regresar a la jungla, pero preparado para llevarse en
sus arcas todo el arte nativo que pudiese. Y así montar una exposición para
mostrar al mundo que esas personas no eran salvajes, sino personas
normales como nosotros.  
Al terminar el rodaje en el valle de Baliem, pasó
unas semanas en Manhattan y regresó de nuevo
a Papua, donde se hizo con un catamarán de 12
metros de eslora para almacenar lo que fuese
comprando con hachas.
 
Pero no pudo pagar por el destino,  y su catamarán
encalló en aguas de ciénaga cuando estaba cruzando
la boca del río Eilanden.
Michael no quiso esperar ayuda y atándose dos latas
vacías de gasolina a la cintura, saltó al agua para
intentar alcanzar la orilla.
 
René Wassing,su compañero de aventura, le advirtió que aquello era una locura, pero
solamente pudo verlo nadar en linea recta hasta que tres puntos desaparecieron en el
horizonte, las dos latas y su cabeza.
.....  .   .....